El centinela – Arthur C. Clarke (1951)

9780586212042_custom-3b886ea6c4fc9a1b38f74a8c8278eaf80e75b19e-s6-c30Todo el mundo, incluso los que no están demasiado interesados por la ciencia ficción, conocen la película 2001: una Odisea del Espacio (1968), de Stanley Kubrick, un éxito de taquilla que los cinéfilos proclamaron como la primera obra madura del género en el cine.  

Pero el origen de la apasionante historia que en ella se relata, con muchas imágenes y poquísimos diálogos por cierto, se encuentra en un cuento publicado en 1951 por Arthur C. Clarke, uno de los grandes, bajo el título de El Centinela (The Sentinel) e incluida en una recopilación de historias cortas junto a otros 9 relatos de otros tantos autores. Ésta fue una historia que había pasado casi desapercibida para el público y que iba a resucitar casi 20 años después.

A raíz del éxito mundial del film muchos aficionados se apresuraron a leer la narración que fue su germen, al tiempo que el propio Arthur C. Clarke lanzaba una novela basada en la película (que sería también la primera piedra de una saga posterior), en realidad una versión revisada y ampliada de El Centinela.

La historia trata sobre el descubrimiento de un artefacto en la superficie de la Luna que una civilización alienígena había dejado allí millones de años antes. Su forma es piramidal y está hecho de una clase desconocida de mineral pulido. A su alrededor se extiende un campo de fuerza esférica.

Durante millones de años este “centinela” había estado transmitiendo las señales al espacio profundo hasta que es destruido “por la fuerza salvaje de la energía atómica”. La conclusión es que este objeto tenía como misión alertar a quienes allí lo pusieron del grado de desarrollo tecnológico alcanzado por esa especie inteligente y peligrosa que habita en el tercer planeta del sistema solar: la especie humana, como se desprende de las primeras impresiones del protagonista al contemplar el extraño objeto:

“Ahora sabía que el objeto que tenía ante mí no podía ser comparado con ninguna obra de mis antepasados. No era una construcción sino una máquina, que se protegía a sí misma a través de unas fuerzas que habían desafiado la eternidad”.

2001: Una odisea en el espacio

fotograma_2001_odisea_espacioHay que decir que el propio Arthur C. Clarke señaló muchas veces que la película no solo estaba basada en este relato corto, sino al menos también en otras tres de sus narraciones. Sin embargo, el tema de la película, así como el de su novela posterior, lo encontramos en el misterioso objeto con el que se topan los astronautas en su paseo lunar.

En la película la forma del “centinela” se transforma: ya no es una pirámide sino un monolito. También cambia su funcionamiento, pues es la energía del sol, cayendo por primera vez en el artefacto descubierto, la que activa la señal de que los habitantes de la Tierra habían dado su primer paso hacia el espacio, alcanzando así una nueva etapa de desarrollo tal y como queda explicado en el relato:

“Quizás ahora comprendan por qué la pirámide de cristal fue instalada en la Luna y no en la Tierra. A sus creadores no les importaban las razas que luchaban aún por salir del salvajismo. Nuestra civilización les podía interesar tan sólo si dábamos prueba de nuestra capacidad de supervivencia, lanzándonos al espacio y escapando así de la Tierra, nuestra cuna”.

Pero aunque este blog va de literatura y no de cine, era imprescindible referirnos a la película. Quien después de verla se anime a leer El Centinela probablemente quedará decepcionado, pues no hallará aventuras trepidantes, solo una serie de reflexiones y especulaciones del protagonista acerca del desconcertante hallazgo. Pero si lo pensamos bien, todo lo que Kubrick y Clarke pretendían transmitir en la gran pantalla se halla perfectamente resumido en este breve pero estimulante relato.

Esa es la semilla de 2001: Una odisea del Espacio. A partir de ahí, nada mejor que sumergirse en la lectura de la novela homónima desarrollada en paralelo a la película para ahondar en otras preguntas. Pero eso ya es tema más largo que trataremos en otra ocasión.

Más sobre Arthur C. Clarke.

 

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Publicado el 15 marzo, 2014 en Arthur C. Clarke y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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